LA FUNCION SOCIAL DE LA CULTURA

El título propuesto obliga implícitamente a establecer una distinción entre cultura e instrucción que conviene elucidar. Al respecto, Gustave Thibon anota: ” A diferencia de la instrucción que es algo exterior, una acumulación de conocimientos que no implica necesariamente la participación interna, la cultura implica no sólo el conocimiento de un objeto sino la  participación vital del sujeto.” Este apunte del filósofo se aclara cuando añade que la búsqueda del “tener” sin preocuparse del “ser”, el querer buscar el objeto del conocimiento sin tener en cuenta al sujeto que conoce,  ha ido cavando el abismo entre la instrucción y cultura.” .

 Los regímenes educativos y los valores propios de las últimas décadas han favorecido la mera instrucción, que además de la ineludible competencia profesional en el mundo moderno, adquiere un carácter cada vez más utilitario, al cifrar como meta la obtención de un diploma que acredite conocimiento especializado y, por tanto que se está apto para competir. Sin embargo, el hombre no agota su personalidad y recursos en la sola esfera de la eficacia y productividad.

 La cultura es sujeta a ampliación y profundización,  pues las cualidades internas del hombre son susceptibles de incremento.   La instrucción tiene unos límites señalados por la capacidad de asimilación. “La persona culta es aquella capaz de establecer relaciones personales inéditas entre los distintos datos de la instrucción”. ( G. Thibon.)   Por tanto, su proyección hacia la  realidad, que  flexible y adaptable a los vaivenes y características de su entorno, lleva la huella indeleble de su singularidad e irrepetibilidad. Cuando existe participación interna y se incorporan vitalmente los conocimientos, éstos conducen a la asunción responsable de un compromiso frente al objeto del saber.  No obstante, no es incompatible la cultura  con la especialización que día a día cobra visos de  convertirse en el eje rector mediante el cual gira el saber.  Se complementan.  Pero no son complementarias de por sí.  Es necesaria la formación para poder zanjar el abismo establecido entre la instrucción y la cultura.  La formación cultural demanda dedicación, esfuerzo y un seguimiento personal y diferenciado, por estar vinculada con el  “ser” del individuo.

 La función social de  la cultura impulsa al individuo a proyectarse, a “salir’ de su estrecho mundo a fuerza de interrogarse, de cuestionar su entorno. Una consecuencia en nuestro país,  es la necesidad de ampliar  “la mirada” a todo el territorio nacional, para aprehenderlo en su integridad y encontrar alternativas creativas que procuren un saludable equilibrio entre el hombre y su medio ambiente. Esta orientación “espacial” comporta, un abrirse a otras ramas del saber  y también preocuparse de los diversos problemas que atañen al individuo y a la sociedad. Tal sensibilidad hacia el “otro” y el “resto”, deviene necesariamente  de una concepción integral del hombre y, en consecuencia, de un enfoque interdependiente e interrelacionado de los distintos saberes.  En este marco, la especialización (instrucción) vendría a ser la herramienta que se acciona y la cultura el móvil o motivación que estimula a servir a los demás.  De esta manera, la cultura  integra  la formación personal y paralelamente contribuye a asumir compromisos frente a terceros.

 En un país en vías de desarrollo como el Perú, aquellos que acceden a la educación superior a pesar de los exámenes selectivos y rigurosos con relación al resto de la población, son privilegiados. El privilegio supone responsabilidades y obligaciones, las cuales afloran en su real dimensión cuando la persona no se conforma con la mera especialización sino que busca una mayor proyección sustentada en una efectiva formación cultural.

 Una de las críticas que suele hacerse a las Universidades es su condición de teóricas, ajenas al acontecer de la sociedad.  Sin embargo, su cercanía a la sociedad es por su idoneidad en la formación de hombres cultos, que comprometidos con la verdad, sepan compenetrarse con su realidad. Cultura y desarrollo marchan de la mano: Cuanto mejor formado este el hombre culturalmente sus operaciones y  actuaciones serán más plenas y de mayor calidad.

Edistio Cámere

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